Creo que a estas alturas, todos sabemos los estragos que el antojadizo volcán ha causado sobre el cielo.
Ahí me encontraba yo, impertérrita mirando las noticias que iban sucediendo. Afortunadamente, en mi caso no me quedé atrapada ni en el destino ni en mi lugar de conexión de vuelos, pero pendiente de lo que sucedía por la naturaleza, por las pobres personas que se han quedado atrapadas en algún destino a medias entre los sueños, la desesperación y el no saber qué sucederá.
Tras dudosos días en los que no se sabía qué iba a pasar, cuando me tocó viajar (el miércoles 21 de Abril) todo iba transcurriendo con normalidad, algunos retrasos y apenas resquicios de lo que se había vivido esos últimos días en los diferentes aeropuertos que pisaba.
Durante mi vuelta, el 26 de Abril, pude ver el manto de cenizas que aún recorre el cielo por encima de las nubes. Como una autopista grisácea, lo que puede dar buena cuenta de cómo había podido estar apenas un mes atrás.
















